Sin censura: El alcalde de Casterbridge

martes, 16 de julio de 2019


SE ADVIERTE A TODO LECTOR O LECTORA QUE ESTA ENTRADA CONTIENE DESTRIPES MASIVOS SOBRE EL ALCALDE DE CASTERBRIDGE DE THOMAS HARDY.

SI QUIERES LEER EL LIBRO ABANDONA ESTA PÁGINA. EN CASO DE QUE HAYAS LEÍDO LA NOVELA VERÁS MI OPINIÓN MÁS SINCERA.

Una vez que he dejado la advertencia vamos a meternos en el asunto. Thomas Hardy, como digo en la entrada censurada debió de estar en uno de sus momentos bajos a la hora de escribir esta novela ya que el negativismo y las desgracias que caen sobre los personajes son constantes. La novela tiene numerosas maneras de putear al lector desprevenido. O eso o lo hizo a caso hecho el muy cabrón.

La cosa empieza con Henchard vendiendo a su mujer y a su hija en subasta improvisada y oh, sorpresa, llega un señor extraño que paga por ellas y se las lleva al Canadá donde resulta que las trata bien pero Hardy se ve que le da carpetazo al señor y lo siguiente que sabemos es que han pasado veinte años y Susan Henchard y su hija Elizabeth-Jane se encuentran en Inglaterra buscando a Henchard. Muy lógico eso de volver con tu ex que te vendió a ti y a tu hija pero bueno, en fin. El caso es que Henchard que es un tío sin estudios ni gracia alguna se ha convertido en el alcalde de un pueblo llamado Casterbridge y regenta un negocio de compra venta de trigo y otras semillas. Para no alargar la cosa, Susan y su marido acuerdan fingir un noviazgo discretito y luego casarse para ver redimido el daño ocasionado veinte años atrás y de paso que la peña no se entere del pastel. Elizabeth-Jane por cierto, cree que su verdadero padre es el marinero que ahora está muerto pero le parece bien que su madre se case para sacarlas de la pobreza.

Aparece en escena Donald Farfrae, el falso highlander. Como gracias a Outlander y las novelas de highlander tenemos el falso estereotipo de que los escoceses son grandotes, fuertes y pelirrojos o interpretan a demonios simpáticos en Good Omens (guiño) pues nos encontramos a un tipo delgaducho y rubio que canta canciones cursis pero que tiene buena mano con los números y se pone a trabajar de administrador para Henchard. El tipo enseguida se gana la amistad del alcalde y de todas las gentes y va ascendiendo socialmente. Es un puto trepa y cuando Henchard se da cuenta pues le retira el saludo pero las gentes de Casterbridge empiezan a decir que el alcalde le tiene envidia. Muy lógico todo, como vosotros le tenéis manía al alcalde por su cargo público…

Con esto de ver pasar de golpe veinte años nos enteramos que Henchard juró solemnemente que estaría veintipocos años enteros sin beber una gota de alcohol por el remordimiento de haber vendido a su familia, remordimiento que le duró poco se ve porque enseguida estuvo haciéndose sitio en la vida pero dejémoslo ahí. El caso es que Henchard tuvo un lío con una chica llamada Loreta, perdón, Lucetta y la dejó en mala situación social por lo del sexo y decirle que se iban a casar. La cosa es que Lucetta hereda mucho dinero de una tía suya y compra un casoplón en Casterbridge para reencontrarse con su amante.

Fijaos como son las cosas que Susan se pone enferma y muere tristemente pero es que aquí viene una de las putadas del libro. Henchard descubre un papel mal sellado con lacre que pone “no abrir hasta la boda de Elizabeth” Henchard lee atónito (como nosotros) que Elizabeth-Jane no es su Elizabeth-Jane. La niña que Susan se llevó con el marinero murió antes de cumplir el primer año de vida y esta Elizabeth, la que el alcalde cree su hija es en verdad hija biológica del marinero muerto. Con lo cual el Henchard se pone en contra de la chica sin desvelarle la verdad (ojalá se lo hubieras dicho so perro) y Elizabeth que es muy buena y no le guarda rencor se va a vivir con Loreta, digo, Lucetta.

Rebobinemos. Lucetta y Elizabeth se conoce casualmente (eso se piensa Elizabeth), verdaderamente Lucetta se acerca a la chica para hacerse su amiga y ganarse el favor del alcalde. Tras escuchar su triste historia Lucetta acoge a la chica en calidad de señorita de compañía más que ama de llaves pensando que puede camelarse a Henchard pero viene otra putada y gorda.

Nos pensábamos que el trepa de Farfrae estaba pendiente de Elizabeth-Jane y la cosa era recíproca pero en uno de esos giros inesperados del autor descubrimos que Lucetta se pone en medio y Farfrae cae rendido a sus pies o al revés el caso es que se casan los muy cabrones y tienen la asquerosa idea de permitir que Elizabeth siga viviendo en el casoplón de Lucetta pero por suerte la muchacha se larga de allí. Esta boda no gusta a Henchard que ya se veía arreglando el pasado (otra vez) y se cabrea más porque Farfrae le está quitando la novia. Que digo yo que extorsionar a la mujer para el bodorrio no es muy decente que digamos ya que el alcalde tiene ciertas cartas de su ex amante barra ex prometida chantajeada. Solo digo.

Creyendo ciegamente en la profecía de un vidente, el alcalde compra al por mayor pensando que sus vecinos irán a pedirle el trigo pero pierde el tiempo y el dinero. Como entra en quiebra se subastan su casa y sus cosas. ¿Quién pensáis que va a comprar la casa y los muebles? Mira que hay gente en Casterbridge. Pues Farfrae claro. Compra la casa y tiene los huevazos de invitar al alcalde (porque Farfrae se piensa que es el bueno de la peli y le debe una al viejo), a vivir en su antigua casa. Es un asqueroso qué le vamos a hacer. Encima el consistorio tiene la brillante idea de proponer al highlander falso para alcalde y el muy anormal acepta.

Luego por uno de esos giros inesperados Lucetta le pide a Henchard las cartas comprometedoras y al tío no se le ocurre nada mejor que dejárselas a un tal Jopp que casualmente conocía a Lucetta de antes (de cuando se pinchaba al Henchard en su pueblo) y tiene la noble misión de llevarle las cartas. La verdad es que hace bien poco en la novela.  A su vez lee las cartas en público lo cual hace que se organice una comparsa en la calle para reírse de Lucetta y del ex alcalde.

Vamos por partes. Henchard harto de ser el blanco de las burlas se empeña en retar a Farfrae en un combate a muerte porque es un tío mazo fuerte que puede ATENTOS retorcerle el pescuezo a un TORO que estaba persiguiendo a Lucetta y Elizabeth (la intención del toro era jugar por cierto, puede que a matarlas quien sabe) y para colmo para darle ventaja al highlander falso se ata un brazo y defenderse con uno solo pero tras un rato de empujarse mutuamente lo deja ir porque el muy inútil se arrepiente de sus actos. De la nada llega una nota para Farfrae citándole en otro pueblo y él coge y se va tal cual. Al poco llega la comparsa con unos muñecotes de Lucetta y Henchard pero claro, el nuevo alcalde no está para verlo pero sí Lucetta que tiene un ataque. Sabíamos que esta persona no iba a llegar al final de la novela. A consecuencia de este ataque Lucetta tiene un aborto y muere esa misma noche. Que digo yo que hubiera estado bien darle un poco más de sorpresa a este embarazo tan inesperado yo qué sé.

Y viene la que yo creo que es la putada más gorda. Aparece un señor que dice ser el padre de Elizabeth-Jane. El marinero ha estado vivo todo este maldito tiempo.

Sí, hola. Mira soy el que te compró a tu mujer y a tu hija hace veinte años ¿te acuerdas? Bueno, la que era tu hija porque se murió porque la de ahora la tuve yo con la que era tu mujer ¿lo pillas? Bueno pues eso que dónde están mi mujer y mi hija que hace mucho que no las veo.

Alma de cántaro que apareces a estas horas. Henchard que es muy listillo le dice que Elizabeth también se ha muerto y el tipo se larga sin pedir explicaciones. Resulta que estaba en el Canadá y no se le ocurrió ir a buscarlas ¿Me explicas? Luego resulta que es un lelo que se cree todo lo que le dicen. En fin que se va pero a todo esto Henchard no le dice nada a Elizabeth porque ahora vuelve a sentir simpatía por ella. Lo mismo la vende que lo mismo pasa de su cara.

Para no seguir aburriéndoos. Henchard se arrepiente de su estilo de vida y se marcha a vagar por los caminos arrastrando sus escasas pertenencias. Elizabeth tiene el mal gusto de casarse con Farfrae. Chica de verdad con to lo que has visto. Y hay un simulacro de reconciliación pero oh, nueva chorprecha, ha vuelto el marinero ex difunto y le ha contado a su hija querida lo que le pasó con el ex alcalde (y claro Elizabeth está enfadada, por fin un personaje con auténticos motivos para enfadarse) y ella no quiere verlo pero luego se arrepiente porque es la buena de esta triste historia y acude en su busca pero para cuando lo encuentra Henchard ha muerto y qué casualidad que llevaba media hora de reloj justica. Hemos de lamentar la muerte de un jilguero inocente que se murió de hambre y que iba a ser el regalo de boda para Elizabeth, siempre te recordaremos al igual que al simpático toro que sufrió lesiones en el capítulo 29 que por cierto es una fantasía de las buenas. Unanimidad al calificar este capítulo.

¿Y vosotros qué tal?

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