Yerma de Federico García Lorca

martes, 30 de agosto de 2016

Fue una de mis lecturas de marzo y una de las mejores por cierto. Vino de la Feria del libro al igual que Bodas de sangre. Está considerada como una de las mejores obras de García Lorca junto a La casa de Bernarda Alba y Bodas de sangre. Se escribió en 1934 y se compone de tres actos y seis cuadros.


La protagonista, Yerma, no es feliz en su matrimonio, ya lleva casada unos años y no ha concebido un hijo tal y como es su deseo. Juan, su marido parece no conceder importancia al asunto y le da largas mientras que ella sufre por no tener un hijo propio mientras que sus amigas como María ya han tenido sus respectivos hijos. Esto hace que discuta con su marido que está más pendiente del qué dirán, no quiere que su mujer esté fuera en la calle ya que allí es donde se originan todos los cotilleos y donde la gente encuentra la forma de entregarse a la pereza. Yerma no ve nada de malo en hablar y pasear.

Pero eso no es todo. Una mujer vieja sugiere a Yerma que si no puede tener hijos con su marido puede tenerlos con cualquier otro si ese es su deseo. Lo que le aconseja es acostarse con otro hombre, algo que una mujer “decente” de su tiempo jamás se atrevería a hacer dado lo que sucede cuando estas cosas se descubren. Un buen ejemplo lo tenemos en La casa de Bernarda Alba. Un candidato para sustituir al marido podría ser Víctor, un amigo de la familia que se describe como un hombre varonil y capaz. Llega un momento en que la misma vieja le dice que uno de sus hijos necesita una esposa, trata de convencerla para irse con ellos sin que le importe lo que dirán las gentes.

La obra se compone de tres actos. En el primero conocemos la angustia de Yerma por no tener hijos, en el segundo la primera escena con las lavanderas es una de las más brillantes que he leído nunca. Es ahí donde encontramos el cotilleo, las murmuraciones de las demás mujeres del pueblo que hablan de Yerma y su marido acusándola a sus espaldas de no tener hijos por no querer ella y ser una floja. La que no quiere hijos es porque no quiere es lo que dice una de ellas mientras que una sola de las mujeres les recrimina hablar de lo que no saben. Es la única que aporta un poco de solidaridad. En el tercer acto aparecen las respuestas y el final trágico que caracteriza las obras de García Lorca.

En el segundo acto las mujeres que lavan en el río hablan también de las hermanas solteras de Juan, dos mujeres que se ocupaban de la iglesia y que pasan a cuidar de la casa del hermano ya que quiere mantener controlada a su mujer para que no salga a la calle.
La calle, como en La casa de Bernarda Alba es el medio de las murmuraciones y una mujer decente jamás debe abandonar su casa y estar al pendiente de todo. Una mujer casada no sale pero una soltera, en el caso de las hermanas de Juan que parecen muy decentes sí que pueden salir pero solamente a la tienda, ida y vuelta. Es un hombre que tiene miedo de las habladurías, algo que se entiende al final del tercer acto cuando se sabe toda la verdad que no le importan los hijos que prefiere tener una esposa y una casa ordenada. Hay una frase que dice a su mujer y le define bien: Las ovejas en el redil y las mujeres en su casa. Como si Yerma fuera parte del ganado que compra.

Se lee en una tarde, es muy corta, los diálogos son muy ricos en alusiones, símbolos y refranes. En el teatro los personajes han sido interpretados por actores como Margarita Xirgú, Nuria Espert, Silvia Marsó, Marcial Álvarez, Iker Lastra… en el cine Aitana Sánchez-Gijón y Juan Diego dieron vida a los protagonistas.

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